Castro Laboreiro está en lo alto, y se nota al entrar en el pueblo. El camino hasta el pueblo, y también el de salida, discurre sobre viejos adoquines irregulares, con fuertes pendientes. Fíjate bien dónde pones los pies.
Visto en retrospectiva, fue un día largo, de unas 8 horas. En Ameijoeira pasas de España a Portugal y tu reloj retrocede una hora. La ruta sigue subiendo, con un tramo de más de 300 metros de desnivel en menos de 4 kilómetros. Es un esfuerzo duro, pero cuanto más arriba, más silencio. El último tramo se te queda grabado: colinas peladas, rocas grises y nubes que pasan bajas sobre la cresta.