San Juan de Ortega se muestra tranquilo: un antiguo monasterio, una iglesia, un puñado de casas y bosque alrededor. Fuera la mochila, fuera las botas. Ha sido un buen día.
Si miras atrás, la etapa tiene dos caras. Primero, kilómetros tranquilos junto a pequeños pueblos, donde enseguida encuentras tu ritmo. Después de Villafranca Montes de Oca el camino sube y se adentra en el bosque de los Montes de Oca. La senda es ancha y silenciosa, y subes de forma constante hasta superar los 1100 metros. Casi siete horas caminando, con más subida que bajada. El último tramo desciende suavemente hasta el pueblo. Entra un momento en la iglesia, aunque vayas cansado. Aquí merece la pena. Disfruta del silencio, peregrino.