Pasado Güemes, el aire ya huele a sal. Luego llega la bifurcación, y es ella la que decide tu jornada.
Por el interior vas directo a Santander. Tranquilo y sin complicaciones. Muchos peregrinos eligen la costa: por los acantilados hasta Somo, con el mar a tu lado y unas vistas inmensas. En Somo te subes al ferry que cruza la bahía. Así entras en Santander por el agua, una bonita entrada después de días de caminar por tierra.
Es una jornada ligera, con poco desnivel, de unas 5 horas caminando. En los acantilados puede soplar con fuerza el viento. Así te queda tiempo para disfrutar de la propia Santander. Mira antes a qué hora sale el barco, para no quedarte esperando en el muelle de Somo sin necesidad.