Eucaliptos y pinos, muretes de piedra, pequeñas aldeas con un cruceiro junto al camino. Así es buena parte de esta jornada. O Porriño se queda atrás enseguida, y entonces todo se vuelve más verde y más tranquilo.
Es una etapa amable, de algo más de cuatro horas andando. Subes por una loma, pero nada que ponga realmente a prueba tus rodillas ni tu humor. Eso sí, bajas algo más de lo que subes, así que la bajada hacia Redondela se nota en los muslos. Al final aparecen por encima de las casas los altos viaductos del tren, y entonces sabes que ya casi has llegado. No tienes prisa, porque la jornada es corta. En Redondela hay un albergue público, muy práctico si todavía no has reservado nada.