En el muelle de Caminha, el Miño se extiende ancho y en calma ante ti, con España en la orilla de enfrente. Primero toca cruzar ese agua. El ferri a A Guarda no navega siempre; influyen la marea y la temporada. Así que comprueba antes si hay servicio. Si no lo hay, queda el taxi acuático. La travesía en barquito hacia España te lleva a caminos tranquilos.
En la orilla española, adelanta el reloj una hora. Después caminas por la costa, con el océano Atlántico a tu lado y por un terreno ondulado. Es una jornada ligera, aunque a veces esperar la travesía lleva más tiempo que una subida. Oia está junto al mar, con el antiguo monasterio muy cerca del agua. Deja que sea el ferri quien marque tu mañana; el resto viene solo.