Caminas por el Alentejo abierto. Alcornoques de troncos pelados, olivos, campos secos y mucho cielo. Desde Evoramonte, con su castillo en lo alto de la colina, la tierra se extiende ante ti en toda su amplitud. Hay poca sombra y poco que te distraiga. Precisamente por eso se camina tan a gusto.
Es una etapa de más de 7 horas. El terreno sube y baja suavemente todo el rato, con algunas cuestas largas que no llegan a frenarte. El ritmo va cambiando y así la mañana se pasa volando. Por la tarde, el último tramo se te hace más largo de lo que quisieras. Entonces ves Estremoz, con la torre muy por encima de los tejados. Detrás de ti queda una tierra de hierba amarillenta como la paja y alcornoques bajo el sol.