Esta jornada exige sobre todo constancia. Pasarás casi 7 horas en marcha y el sendero no deja de subir y bajar. El punto más alto no es muy alto, pero tampoco hay motivo para alegrarse.
En total subes más de 500 metros, en tramos cortos que se van acumulando. Lo notarás sobre todo en la segunda mitad. Tampoco hay descanso en las bajadas: ahí tus rodillas trabajan duro. Busca tu propio ritmo, come algo a tiempo y no mires demasiado el contador. Berán no es un pueblo para dar vueltas, pero después de esta jornada tampoco hará falta. Fuera las botas y piernas en alto. Bien hecho, peregrino.