Luz aparece a lo lejos como una hilera de casas blancas a lo largo de la bahía, y te das cuenta de que aún llegas con energía. Así es esta etapa: algo más de tres horas caminando, sin grandes esfuerzos.
Desde Salema sigues el borde del acantilado. Pequeñas subidas y bajadas se alternan sin parar, pero en ningún momento se hace dura. El punto más alto sigue siendo bajo. En el camino pasas por Burgau, un pueblecito donde es fácil que te tomes un segundo café. El sendero es abierto, así que tendrás sol y viento de sobra. Con el mar a tu lado, se anda casi solo.
En Luz la playa está a la vuelta de la esquina. Fuera zapatos y a meter los pies en el agua. Tómate tu tiempo, que la última etapa no se va a ir a ninguna parte.