Hoy es un día que te regalan. El terreno ondula suavemente, bajas algo más de lo que subes y, después de poco más de 5 horas, ya estás allí. Nadie te mete prisa. Así que tómate con calma ese segundo café y charla un rato con el peregrino que tienes al lado. El Camino da.
El paisaje es típicamente gallego: prados, granjas y tramos de bosque, con el único sonido, de vez en cuando, de tus propios pasos. Vilalba es una ciudad tranquila donde te encontrarás, sin buscarla, con la medieval Torre de los Andrade. Con la mochila ya fuera, da gusto pasear un rato por aquí. Disfrútalo, el final del Camino está cada vez más cerca.