Este día se camina sobre todo con la cabeza, no con las piernas. El camino es llano o baja suavemente, y los kilómetros van pasando bajo tus pies. Pero no se acaban nunca. Pasadas un par de horas, lo que más notas son los pies y la monotonía.
Atraviesas campo abierto con viñedos y tierras de cultivo bajo un cielo inmenso. No hay que subir de verdad. La dificultad está en la distancia: casi 7 horas de camino. Busca tu ritmo, deja que tus pensamientos vaguen y haz de vez en cuando una pausa breve. Así se camina solo.
Al final aparece Torremejía, un pueblo tranquilo. Mochila fuera, zapatos fuera y una bebida fresca en la mano. Esa es la recompensa por un día entero siempre recto.