Alija del Infantado es un pueblo tranquilo en la llanura, y así fue también la jornada. Llegas sin que tus piernas hayan notado nada de subidas. Eso sí, has caminado casi seis horas, y se nota en los pies.
Benavente queda atrás enseguida. Después llega el campo abierto: tierras de cultivo, cielos anchos y largos tramos rectos en los que el horizonte apenas se acerca. La sombra escasea. Los desniveles son tan pequeños que casi te olvidas de ellos. El reto está en la monotonía y en el sol, no en las subidas. Adopta un ritmo tranquilo y deja que tus pensamientos vaguen. Así se avanza, kilómetro a kilómetro.