Hoy no se trata de una sola subida, sino de la distancia. Más de 36 kilómetros son muchos, y notas cada kilómetro en los pies. El desnivel es moderado. El terreno ondula suavemente, con amplios campos de cultivo y pueblecitos que vas dejando atrás uno a uno.
Es una jornada de ritmo: paso tranquilo, paradas fijas, sin darle demasiadas vueltas. Si te parece demasiado, divide la etapa y haz noche en Rionegro del Puente. No es fracasar, es ser sensato. A última hora de la tarde llegas a Mombuey, dejas la mochila y por fin te quitas las botas.