Ciudad Rodrigo te recibe con las murallas que aún rodean el casco antiguo y una catedral que sobresale por encima de los tejados. Después de un día en pleno campo abierto, la imagen resulta casi teatral. Deja la mochila, que te lo has ganado.
El camino hasta allí es de dificultad media. Hay más descensos que subidas, pero llevas casi siete horas andando y los pies lo notan. Es un terreno amplio y silencioso, con muy poco donde resguardarse. Los rebaños siguen pastando tranquilamente mientras tú pasas. Si al final te das la vuelta para mirar atrás, verás las encinas repartidas por el paisaje abierto, hasta donde alcanza la vista.