Dejas Braga atrás en la calma de la mañana. Primero todavía calles y rotondas, y luego la ciudad da paso a pueblecitos, huertas y caminos estrechos. Ahí empieza el trabajo de verdad.
Las colinas no son altas, pero no dejan de aparecer. Arriba, abajo, otra vez arriba. Cuenta con casi 10 horas, incluidas las pausas, y reparte bien tus fuerzas. Más avanzada la jornada bajarás más de lo que subirás, y eso se nota en las rodillas. Entonces aparece Ponte de Lima, junto al agua, con su puente antiguo. Aquí te unes al Caminho Português Central, la ruta que te llevará hasta Santiago. Hay un albergue público. Deja la mochila, disfruta de la tarde. Te lo has ganado.