Colunga es tranquilo, y así te sentirás tú al terminar esta etapa. Tus piernas aún están frescas y tu cabeza va llena de verde. Eso hace que sea una jornada ligera.
Desde Ribadesella caminas por la Asturias de los prados, los caseríos y los pueblecitos, con alguna que otra vista del mar Cantábrico. Subes y bajas continuamente, pero nunca durante mucho rato. No superas los cien metros de altitud. Son casi 20 kilómetros, así que todavía te quedará la tarde. Hay espacio de sobra para parar por el camino a tomar un café o charlar un rato con otro peregrino.
En Colunga dejas la mochila en el suelo y te quitas las botas. Buscas una terraza, pides un vaso de sidra, como se hace aquí, y ves cómo el pueblo empieza su tarde.