El Cruz de Ferro marca esta jornada. Poco después de Foncebadón llegas a la cruz de hierro, junto al punto más alto del Camino Francés. Muchos peregrinos dejan aquí una piedra que han traído de casa. Un momento de silencio y vuelta a caminar.
Después empieza el descenso, que parece no acabar nunca: casi 1200 metros hacia abajo. Por senderos pedregosos, junto a brezales y a través de pueblecitos de montaña. Tus pulmones descansan, tus rodillas no. A lo largo del camino el paisaje se vuelve más verde y más cálido. En Ponferrada te espera el castillo de los Templarios. Aquí también puedes desviarte hacia el Camino de Invierno. Ambos caminos llevan a Santiago. Detrás de ti, las montañas quedan en el horizonte como un lomo azul.