Colinas verdes, prados, muros de piedra y senderos de bosque llenos de sombra. De vez en cuando hay una vaca en el camino y la niebla se cuela entre los árboles. Así es la jornada: sube y baja, con más bajadas que subidas.
Después de Triacastela el camino se divide y tienes que elegir. Por Samos, junto a un gran monasterio benedictino, son unos 25 kilómetros. Por San Xil y Montán es más corto, unos 18 kilómetros, por colinas tranquilas. Los dos llegan a Sarria.
El último tramo lo recorres entre las primeras casas, entrando en Sarria. Muchos peregrinos empiezan aquí su última semana, así que de repente hay mucho más ambiente. Busca una terraza, deja la mochila y quítate las botas.