Piernas frescas, la mochila llena y una cabeza que todavía anda dándole vueltas a mil cosas. Así sales de Braga. La ciudad te va soltando poco a poco y el entorno se vuelve más tranquilo. Hay subidas y bajadas, pero nunca largas ni empinadas. Es una jornada ligera, y esa es justo la idea.
Con algo más de cinco horas de caminata tienes tiempo de sobra para mirar, charlar y ir conociendo tus botas. No hace falta forzar nada. Así llegas a Santiago de Caldelas con energía de sobra y con ganas de mañana. La Geira acaba de empezar.
Tómatelo con calma hoy. Los próximos días llegarán solos.