Empiezas entre pueblos, lindes de bosque y pequeñas huertas. Pero poco a poco la ciudad se va colando: más calles, más tráfico, más hormigón. Es una jornada ligera, con algo de sube y baja. Unas cuantas cuestas arriba, otras tantas abajo, y al final bajas algo más de lo que subes. Casi cinco horas de camino: tómate tu tiempo y disfruta del Camino.
Esta es la última etapa y se nota. Caminas más callado y miras más a tu alrededor. El tramo por las afueras no es lo más bonito de la ruta, pero cada calle te acerca a Porto. Y de pronto llega el momento. Bajo tus pies fluye el Duero, y en la ladera las casas se apilan bajo sus tejados naranjas.