Dejas atrás Vila do Conde y la ciudad va dando paso poco a poco a la costa abierta. El camino se mantiene cerca del océano Atlántico. Hhueles la sal, sientes el viento y ves un horizonte que se hace cada vez más grande.
Hoy apenas tendrás que subir ni bajar, porque el terreno es casi completamente llano. Aun así, no es un simple paseo. La distancia cuenta, y tus pies notarán las horas. Al final llegas a Esposende, una localidad costera en la desembocadura del Cávado. Como es llano, las seis horas se notan en los pies, no en las pantorrillas. Por eso, planifica las pausas con tiempo, antes de que tus pies te las pidan.