Vila Nova de Milfontes te suelta poco a poco. Las casas blancas se quedan atrás, y también la desembocadura del Mira. Después, la costa atlántica toma el relevo.
Es una jornada ligera de unos 14 kilómetros. Hay algunas ondulaciones, pero el punto más alto sigue siendo bajo, así que no tendrás que subir de verdad. Lo que sí cuesta es la arena. El camino se vuelve blando en algunos tramos y eso frena tu ritmo. Por eso acabas tardando casi cuatro horas. El viento y el sol te acompañan prácticamente todo el día. Almograve aparece con calma, un pequeño pueblo costero con el mar al alcance de la mano. Date bien de crema por la mañana, porque hay poca sombra.