Huele a eucalipto cuando sales de O Pedrouzo. El camino por el bosque aún está húmedo de la noche. La última etapa es ligera: ni subidas empinadas ni decisiones complicadas. Son algo más de cinco horas andando, así que tienes tiempo de sobra. Caminas sobre todo con la cabeza, porque cada kilómetro es uno menos.
Después de Monte do Gozo el paisaje se vuelve más urbano: carreteras, rotondas, barrios de las afueras. Es menos bonito de lo que esperabas, pero aun así lo recorres con una sonrisa. Luego llegan las callejuelas estrechas del casco antiguo y, de pronto, estás en la Praza do Obradoiro. La catedral se alza sobre ti. Siéntate o túmbate en el suelo de piedra, mira hacia arriba y deja que todo vaya calando. Lo has conseguido.