A Neda la dejas atrás enseguida. Unas pocas calles, un último café, y los edificios dan paso a caminos tranquilos y senderos junto al agua. Es un día de subidas y bajadas cortas. Ninguna se hace larga, pero entre todas suman. El ritmo lo encuentras tú solo.
En el camino pasas por Pontedeume, una antigua localidad portuaria a orillas del Eume. Un buen sitio para sentarte un rato antes de seguir. Después vuelves a caminar entre arboledas y por carreteras tranquilas hasta Miño, un pueblo relajado junto al agua. Con casi 6 horas de caminata, llegas con tiempo de sobra. Así que te queda toda una tarde para lavar la ropa, descansar y dar un paseo por el pueblo.