Frómista se deja atrás con facilidad. Unas pocas calles más y los campos de cultivo toman el relevo. Esto es la meseta: ancha, llana y con un horizonte que parece no acercarse nunca. Apenas notarás desniveles, así que tus piernas tendrán un día tranquilo.
Lo que sí cuenta es el sol. Hay poca sombra y el camino discurre un buen tramo llano junto a la carretera. Pasarás por pueblecitos. En Villalcázar de Sirga se alza una iglesia de un tamaño llamativo, Santa María la Blanca. Después queda todavía un buen trecho en línea recta hasta Carrión de los Condes, un pueblo grande de verdad al que llegarás con energía de sobra. Tómatelo con calma. A la meseta no le gustan las prisas.