Esta jornada va de distancia, no de cuestas. Unos 27 kilómetros son más de siete horas de camino. Bajas más de lo que subes y el punto más alto es poca cosa. Aun así, al final lo notarás en los pies y en las rodillas.
El paisaje es abierto, con mucho cielo y poca sombra. Tómate tu tiempo para hacer una pausa larga a mitad de etapa. Los kilómetros van cayendo solos si los vas sumando con calma.
Llegas a Ruesta, un pueblo que en gran parte está abandonado. Verás casas antiguas de piedra y sentirás un silencio que no habías notado en los días anteriores. Mochila fuera, zapatos fuera y un rato sin hacer nada.