Hoy las piernas no protestan y la cabeza camina sola. Son unas cinco horas, sin ninguna gran subida que te quite el sueño toda la mañana. Después de las etapas más duras, el ritmo puede bajar un poco.
El sendero sube y baja continuamente, pero nunca mucho ni con pendientes fuertes. Al final bajas algo más de lo que subes, y eso se nota sobre todo en las rodillas. Entonces aparece Mondoñedo: una ciudad tranquila con catedral. Llegas sin prisa y te queda toda la tarde por delante.
Aquí Galicia te enseña su lado más verde. Prados, bosque y, a veces, algún jirón de niebla que se queda atrapado entre las colinas.