En Melide el Primitivo se une con el Camino Francés. Lo notas enseguida: más mochilas, más voces, peregrinos con las botas todavía limpias. Después de varios días de relativo silencio, cuesta un poco acostumbrarse.
Visto en retrospectiva, fue un día amable. Casi seis horas caminando por senderos y caminos rurales, entre bosques y prados, con más bajadas que subidas. Tus piernas pueden recuperarse. Tu cabeza también. Es el tipo de etapa en la que encuentras tu ritmo sin esfuerzo y te olvidas por un rato de que estabas cansado.
Melide es famosa por su pulpo. Si te apetece, has llegado al sitio indicado. Disfruta de los últimos kilómetros tranquilos, que el gentío llegará solo.